Las obras de la central de Millares comenzaron en octubre de 1998 y, pese a su complejidad, al tratarse de una planta subterránea en caverna y situada por debajo del nivel del embalse de Tous, se acopló a la red en el segundo semestre del año pasado, cumpliendo así los plazos previstos. La nueva hidroeléctrica, que cuenta con un salto neto de 123 metros, aprovecha gran parte de la obra civil ya existente: el embalse de cabecera de El Naranjero, la toma de agua, el canal subterráneo de 13 kilómetros de longitud y el depósito de carga, capaz de embalsar hasta 70.000 m3, minimizando el impacto ambiental del conjunto de la obra y de su explotación posterior. De hecho, las restantes instalaciones construidas han sido todas subterráneas, a excepción de un pequeño parque de generación e interconexión con otro ya existente de 138 kV. La central de Millares se sitúa en una caverna paralela al cauce del río Júcar, a unos 110 metros en el interior del macizo rocoso. La naturaleza caliza del emplazamiento ha obligado a construir estructuras de hormigón a prueba de filtraciones capaces de soportar una presión equivalente a un sumergimiento de 70 metros.
La obra consiste en la transición de dos tuberías de diámetro 3,2 m a una tubería de diámetro 4,40 m, en una caverna esférica de diámetro 5 m, en la que se conectan mediante unas transiciones cónicas (troncos de cono). Desde el Departamento Técnico de ULMA Construcción se planteó una solución para ejecución, en tres fases de hormigonado: solera, hastiales y techo. No obstante, finalmente se ejecutó en una sóla fase para ganar tiempo a la obra.
El encofrado debía tener una base resistente de Vigas HM y riostras sobre el que se forraría con cerchas de madera y tabla, soportado por puntales y Cimbra OC.